PENTIMENTO

Discernible
             sólo por quienes
                        están alerta ante lo posible:
tal es la forma de la montaña
                   bajo el resplandor lácteo
                                                que lo anula.
No se desvanece
                        un boceto
                                   al que el artista puede volver.


DENISE LEVERTOV
En Arenas del pozo. La poesía, señor hidalgo, Barcelona, 2007.
Trad. de José Manuel Rodríguez Herrera
(MLV)

Muda
Me quedaré muda frente al crepúsculo
La luz me dará directamente en los ojos y me dejaré ir
Ciega
Qué muerta estaré para todos no así para mí
El silencio me llevará a correr por los aires
Me mezclaré con las hojas y los nidos de los pájaros
Mis cabellos en ellos
Mis uñas
Será la única manera de entender aunque no me entiendan
Este silencio que adoptaré pues que ya me adopta
Será la única manera
Ya no tendré necesidad de sobrellevar nada
De demostrar nada
El peso y la velocidad atrás
El silencio
La pureza que te preguntaba
Ahora lo entiendo
Ahora nada me importa salvo esta maravillosa sensación
De vuelo
[…]
Ya no necesito comer
No más frutos secos ni heroína
No más mentiras para este cuerpo en canal
Como el sexo
Como el maldito sexo de los hombres
Qué mal joden los hombres
Qué mal les huele el aliento y el alma
Mala entraña y yo prendada de los hombres
Prendida de ti
Eres imbécil y te amo
Vete a la mierda y te amo
Tequierotequierotramo
Teadoroteadoroteamo
Sal fuera de mí
Déjame en mi silencio
La ventana por la que entraste sigue abierta
Creo
Ven a mí y jódeme
Cierra esa ventana de una puta vez y quédate
Qué es la pureza?
Tú lo sabes?
Jódeme


MAITE DONO
Circus, 2009
(LM)

this planetary music for mortal ears

¿ oírla ? this …
música planetaria
para oídos mortales
¿ tales ? placentaria
rústica
musa ¿ quién te oye ? ¿ cuáles
( de tus más —¿menos?— que
perfecto plectro ) los acordes de tales
señales ?
aria de neuronas   partitura
capilar de venillas   ¿ cuáles
los ecos de tus ecos ?   muda musa
entre silencios parietales

hablas de la condición latinoamarga
del tiempo y los sucesos
de los floreos
de una voz auroral

hablas del vuelo
de la lechuza minérvica de Hegel
después que la ceniza combatió lo ceniza
y el gris llegó a la conclusión del gris

hablas
muda
música
mortal

y el pájaro de venus tortolea


HAROLDO DE CAMPOS,
Versión de Andrés Sánchez Robayna en ‘Crisantiempo’, Acantilado, 2006

(JAM)

 

 

AUTORRETRATO

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia. 

Así pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece).

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
–aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio–. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.

En general, rehúyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, este niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
Colabora en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero lo eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres,
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

 

ROSARIO CASTELLANOS
De En la tierra de en medio (1969)
(CLL)

Si tantos halcones
la garza combaten,
por Dios que la maten.

La garza se queja
de ver su ventura
que nunca la deja
gozar del altura;
con gozo y tristura
así la combaten:
por Dios que la maten.

Poema anónimo perteneciente al caudal
de la lírica popular castellana (c. siglo XV)
(IE) 

CONTEMPLACIÓN DEL MAR

Aguas grises, vastas
           como un espacio de oración
donde uno entra. Cada día,
            durante muchos años,
he reposado los ojos en ellas.
¿Acaso esperaba algo?
                                   Nada,
salvo ese constante oleaje
            que nada significa,
ocurría.
            Ah, pero un ave rara
es rara. Cuado uno no está mirando,
cuando uno no está ahí,
                                     aparece.
Hay que dejarse los ojos,
como otros las rodillas.
            Me convertí en el ermitaño
de las rocas, ataviado con el viento
y la bruma. Algunos días,
tan bello el vacío
que podría haber llenado,
                                         su ausencia
era su presencia; no se distinguía
ya más, tan sola mi mente
tras el largo ayuno,
                                la contemplación de la plegaria.

R.S. THOMAS
Laboratories of the Spirit, 1975.
Versión de Andreu Jaume

(AJ)

MUSÉE DES BEAUX-ARTS

Acerca del dolor jamás se equivocaron
los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
su función en el mundo. Cómo llega
mientras alguno cena o abre la ventana
o nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
el milagroso Nacimiento, habrá siempre
niños sin mayor interés en lo que ocurre,
patinando en el estanque helado a la orilla del bosque.
 
                         *

No olvidaron jamás
que el eterno martirio ha de seguir su curso,
irremediablemente, en sórdidos rincones
donde viven los perros su perra vida
y el caballo del verdugo se rasca
las inocentes grupas contra un árbol.

                        *
 

Por ejemplo en el Ícaro de Brueghel:
con qué serenidad
todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
el rumor de las aguas y el grito inconsolable;
pero el fracaso no lo conmovió:
brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
al hundirse en las aguas verdes.
Y la elegante y delicada nave
debió haber visto lo asombroso:
la caída de un hombre que volaba.
Mas el barco tenía un destino
y siguió navegando en calma.

W.H. AUDEN

Traducción de José Emilio Pacheco, Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, México, 1980. 

(PM)

NUEVAS

De la civilización terrestre, ¿qué diremos?

Que fue un sistema de bolas de colores, de cristal ahumado,
en el que se ovillaba y desovillaba un hilo de líquidos luminosos.

O que fue un conjunto de palacios fulgurantes
erguidos con sus cúpulas y sus portales fortificados
tras los cuales pasaba una monstruosidad sin cara.

Y que cada día lo echaban a suertes, y a quien le tocaba
un número bajo se lo llevaban como sacrificio: viejos, niños, niñas, muchachos.

O también diremos que vivíamos en un vellocino de oro,
en una red irisada, en un capullo como de nube
que pendía de una rama en un árbol galáctico.
Y aquella red estaba tejida de signos:
jeroglíficos para el ojo y la oreja, anillos de amor.
Y el sonido resonaba en el interior esculpiéndonos en el tiempo,
el titileo, el aleteo, el gorjeo de nuestro lenguaje.

Entonces, ¿con qué pudimos tejer la frontera
entre fuera y dentro, entre la luz y el abismo,
sino con nosotros mismos, el cálido respirar,
el color de los labios, de la gasa, de la muselina,
con el pulso, que cuando calla muere el mundo?
O quizás no diremos nada de la civilización terrestre.
Porque en realidad nadie sabe lo que fue.

CZESLAW MILOSZ
primavera de 1973
Traducción de Xavier Farré

(GT)

BREVE REFLEXIÓN SOBRE LOS GATOS QUE CRECEN EN LOS ÁRBOLES

Cuando aún existían importantes aglomeraciones de topos,  
             y cuando los topos aún veían bien, sucedió   
             que a los topos les entraron ganas de saber lo que había arriba.
Y eligieron una comisión para averiguar lo que había arriba.

La comisión envió a un topo de ojo sagaz y pata veloz.   
              Éste, entonces, tras abandonar su humus materno,   
              avistó un árbol, y sobre él un pájaro.

Y se formuló la teoría de que arriba   
               crecían pájaros en los árboles. No obstante,   
               a algunos topos esto les pareció    
               demasiado sencillo. Y enviaron a otro   
               topo a averiguar si crecían pájaros en los árboles.

Para entonces ya se había hecho la tarde y en el árbol   
               maullaban los gatos. En los árboles crecen   
               gatos que maúllan, anunció el segundo topo.
Y surgió la teoría alternativa de los gatos.

Las dos teorías antagónicas le quitaban el sueño   
                a un miembro de la comisión, anciano y neurótico. Y trepó al exterior   
                a echar un vistazo con sus propios ojos.

Entonces, sin embargo, ya era de noche y estaba oscuro como la boca del lobo.
Ni lo uno, ni lo otro, anunció el venerable topo.   
                Los pájaros y los gatos son sólo ilusiones ópticas provocadas   
                por la doble refracción de la luz. En realidad arriba

hay lo mismo que abajo, sólo que la tierra es más rala y   
                las raíces superiores de los árboles susurran,   
                aunque más bien poco.

Y así se quedó la cosa.

Desde entonces los topos permanecen bajo tierra,   
                 no constituyen comisiones y   
                 no presuponen la existencia de gatos,

y cuando lo hacen, es más bien poco.

MIROSLAV HOLUB. Al revés, 1982
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús en su blog: http://veyabrelapuerta.tumblr.com/

(MLV)

Dígame un color. El verde. Otro. El verde.
Una parte de la casa. El aire.
Una pregunta. La pregunta. Un escritor.
El misterio. ¿Qué asocia con un pájaro?
El misterio. ¿Y con un pájaro?
La infancia. ¿Y con qué césped?
La infancia. Dígame un color.
No lo sé. Un país. Casi todos.
Una enfermedad. Todas salvo la mía.
A qué ha venido aquí. Las… ya sabe,
las… qué le voy a decir, ya sabe,
lo de siempre.
Un instrumento de cuerda. El pentagrama.
Una parte del cuerpo. Los pulmones.
Una parte de la casa. El deterioro.
¿Un motivo para vivir? Alguno, el deseo.
¿Una enfermedad? La enfermedad.
¿Una cita célebre? “Claro que sí”.
¿Un motivo? Para morir. ¿Un motivo
para morir? Ninguno,
tal vez. El deseo.

DAVID LEO GARCÍA
(de la plaquette Terapia (2010). Poema inédito en libro.)

(LM)

TEORÍA SOBRE DANIELA ROCCA

he aquí que daniela un día conversó con los ángeles
ligeramente derrumbados sobre sus senos góticos
fatigados del trance pero lúcidos lúbricos
y daniela advertía sus símiles contrarios
las puertas que se abren para seguir viviendo
las puertas que se cierran para seguir viviendo
en general las puertas sus misiones sus ángulos
ángulos de la fuga las fugas increíbles
los paralelogramos del odio y del amor
rompiéndose en daniela para dar a otra puerta
con la ayuda de drogas diversas y de alcoles
o de signos que yacen debajo del alcol
o daniela sacándose los corpiños sacándose
los pechos distanciados debido al ejercicio
del amor en contrarias circunstancias mundiales
daniela rocca loca dicen los magazines
de una pobre mujer italiana por cierto
que practicaba métodos feroces del olvido
y no mató a sus padres y fue caritativa
y un día de setiembre orinó bajo un árbol
y era llena de gracia como santa maría

JUAN GELMAN
En abierta oscuridad, 1993
(JAM) 

EL JARDÍN

No puedo hacerlo nuevamente,
difícilmente soportaría verlo;

bajo la tenue lluvia del jardín
la joven pareja siembra

un surco de guisantes, como si
nadie lo hubiese hecho nunca:
los grandes problemas todavía
no han sido enfrentados ni resueltos.

Ellos no pueden verse
en el polvo fresco aún, empezar
sin ninguna perspectiva,
con las colinas al fondo, verdes y pálidas, nubladas de flores.

Ella desea detenerse;
él desea llegar hasta el fin,
permanecer en las cosas.

Mírala a ella tocar su mejilla, 
pedirle una tregua, los dedos
ateridos por la lluvia primaveral;
en el pasto tierno estrellan rojos azafranes.

Aun aquí, aun en los comienzos del amor,
su mano al abandonar la cara
da una impresión de despedida,

y ellos se creen
capaces de ignorar
esta tristeza.

LOUISE GLÜCK

The Wild Iris, 1992
Traducción de Eduardo Chirinos
(CLL)

 


THE GARDEN 

I couldn’t do it again,
I can hardly bear to look at it—

in the garden, in light rain
the young couple planting
a row of peas, as though
no one has ever done this before,
the great difficulties have never as yet
been faced and solved—

They cannot see themselves,
in fresh dirt, starting up
without perspective,
the hills behind them pale green,
clouded with flowers—

She wants to stop;
he wants to get to the end,
to stay with the thing—

Look at her, touching his cheek
to make a truce, her fingers
cool with spring rain;
in thin grass, bursts of purple crocus—

even here, even at the beginning of love,
her hand leaving his face makes
an image of departure

and they think
they are free to overlook
this sadness.

VIRGEN DE COQUIMBO

Puta que amé a esa puta yo
Puta que me envolvió su aroma
Era de comérsela te juro
De la noche a la mañana sin interrupciones
De la mañana a la noche con escasos intervalos
Tenía un potito
Entiéndeme tú Virgen que eres mujer
De esos que ya no se encuentran
Aunque los busques con vela
Yo supe tarde que era puta
Ella fingía inocencia ante mí
Yo ignoraba de dónde sacaba la plata
Ella decía que eran ahorros de infancia
Tenía unos muslos color miel de palma
Que me dejaban la piel como piel de gallina
Tenía unas tetas más lindas que el sol
Eran de rechupeteárselas sin principio ni fin
Disculpa el lenguaje que empleo
Sólo quiero que te pongas en mi caso
Sé que no juzgas el habla del pueblo
Más bien lees el libro de su corazón
Eso era todo Virgencita mía
A tus pies derramo torrentes de lágrimas
Como arroyos que alivian dolores
Que jamás menguarán


Erick Pohlhammer
Vírgenes de Chile, Santiago de Chile, 2007
(IE)

LA CASA DE LOS ADUANEROS

Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
en el relieve a pico sobre la escollera:
desolada te espera desde la noche
en que entró en ella el enjambre de tus pensamientos
y allí, se detuvo, inquieto.
 
El lebeche fustinga desde hace años los viejos muros
y ya no es alegre el sonido de tu risa:
la brújula rota enloquecida a la ventura
y el cálculo de los dados ya no cuadra.
Tú no recuerdas; otro tiempo turba
tu memoria; un hilo se devana.
 
Aún sostengo un cabo; pero se aleja
la casa y sobre el tejado la veleta
ahumada gira sin piedad.
Sostengo un cabo; pero tú estás sola,
ni aun aquí respiras en la oscuridad.
 
¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende
rara, la luz del petrolero!
¿Es este el paso? (Vuelve a pulular el oleaje
sobre el precipicio que se desploma…)
Tú no recuerdas la casa de esa
noche mía. Y yo no sé quién se va y quién se queda.
 
EUGENIO MONTALE
Las ocasiones, 1939
(trad. de Carlos Vitale)
(AJ)

BAJO EL ANOCHECER INMENSO

Bajo el anochecer inmenso,
Bajo la lluvia desatada, iba
Como un ángel que arrojan
De aquel edén nativo.

Absorto el cuerpo aún desnudo,
Todo frío ante la brusca tristeza,
Lo que en la luz fue impulso, las alas,
Antes candor erguido,
A la espalda pesaban sordamente.

Se buscaba a sí mismo,
Pretendía olvidarse a sí mismo; 
Niño en brazos del aire,
En lo más poderoso descansando,
Mano en la mano, frente en la frente.

Entre precipitadas formas vagas,
Vasta estela de luto sin retorno,
Arrastraba dos lentas soledades,
Su soledad de nuevo, la del amor caído.

Ellas fueron sus alas en tiempos de alegría,
Esas que por el fango derribadas
Burla y respuesta dan al afán que interroga,
Al deseo de unos labios.

Quisiste siempre, al fin sabes
Cómo ha muerto la luz, tu luz un día,
Mientras vas, errabundo mendigo, recordando, 
deseando;
Recordando, deseando.

Pesa, pesa el deseo recordado;
Fuerza joven quisieras para alzar nuevamente,
Con fango, lágrimas, odio, injusticia,
La imagen del amor hasta el cielo,
La imagen del amor en luz pura. 

LUIS CERNUDA

(PM)